La increíble historia del único faro romano y el más antiguo del mundo en servicio
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Mientras orballa con esa paciencia infinita que tan bien conocen los gallegos, me cuentan que al tiempo que se echaban los cimientos de esta Torre de Hércules que se levanta ante mí, sólida, granítica, poderosa e intemporal contra un cielo encapotado, Jesús el Galileo predicaba bajo el sol implacable de los desiertos de Judea. Más de dos mil años han transcurrido desde entonces sin que se conmuevan las paredes de este magnífico monumento que, a lo largo de su dilatada historia, sirvió de faro, atalaya, fortaleza y, de nuevo, faro, todavía en funcionamiento. Aunque sólo fuera por eso, bien merece ser considerado Patrimonio de la Humanidad, declaración de la que este jueves se cumplen quince años (27 de junio de 2009).
Me cuenta Suso, mi guía, que Trajano no sólo buscaba guiar a las...