Van der Poel escribe una nueva sinfonía en los adoquines de la París-Roubaix
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Todos sufren. Él disfruta. Rompen bicis, pinchan, ruedas que valen cientos de euros arruinadas. Él circula a 47,8 kilómetros por hora en un ‘Infierno del Norte’ que se le convierte en un paraíso. Ni se gira cuando ataca a casi 60 kilómetros de la meta. Sabe Mathieu van der Poel que entonará la segunda sinfonía consecutiva en el velódromo de Roubaix, porque su pedaleo, su forma de atacar, correr y destrozar al resto de rivales sólo es digno de un artista.Va camino de convertirse en el mejor especialista de carreras clásicas de la historia y seguro que su abuelo fallecido Raymond Poulidor se siente muy orgullo, que no se pierde las carreras de su nieto, feliz de que lleve los genes que unidos a los del padre, Adrie van der Poel, bueno en carreras de este tipo, pero a años luz del hij...