El primer campo de concentración de la historia estuvo en Escocia y ahora es un cementerio prohibido
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Hay pocos lugares en el mundo que se parezcan a Edimburgo. La capital de Escocia es sinónimo de frío, de nubes, de humedad. Pero, pese a la casi perenne lluvia, su cielo encapotado también exhala una luz que no se puede comparar a ninguna otra. Es casi fantasmal. Edimburgo es oscura por su clima, pero también por sus leyendas. Es tenebrosa por su contenido y por su continente. Esa mitología que suena a gaitas y tambores, sabe a whisky y huele a ‘haggis’ alcanza su éxtasis en la ciudad donde los habitantes conviven con mil cementerios, donde la cultura de la muerte huye de tabúes para erigirse como una parte más de la vida. Los ‘kelpies’, las ‘selkies’ o los ‘redcaps’ inspiran temor y respeto a partes iguales tanto a los locales como a los foráneos, pero ningún lugar hiela ...