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Tras la invasión total de Ucrania por parte de su país, en marzo de 2022, el cardiólogo y escritor Maxim Ósipov (Moscú,1963) huyó de Rusia. Se dirigió primero a Ereván y luego a Alemania. Antes había vivido durante largo tiempo en una especie de exilio interior en la ciudad de Tarusa, a 101 kilómetros de la capital. Tarusa está lo suficientemente alejada del Kremlin como para haber servido, bajo el dominio soviético, de lugar de acogida de exprisioneros políticos y desafectos al régimen, todos aquellos seres a quienes solo se les permitía vivir a esa distancia de Moscú, en pequeñas ciudades rurales. Allí podían proseguir con sus ocupaciones o profesiones anteriores, pero bajo el doloroso aislamiento, la discriminación y los recuerdos amargos de una experiencia vivida más favorable.
El bisabuelo del cardiólogo Ósipov había sido encarcelado por participar en el complot de la conspiración contra Gorki; el Gobierno reprimió entonces con dureza a los médicos judíos. Tras su liberación, este antepasado del escritor eligió vivir en Tarusa, donde décadas más tarde también se dirigiría Maxim, camino del destierro. Situada entre el centro del poder y las provincias, entre la metrópoli y el campo, Tarusa se convirtió, para Ósipov, en el observatorio ideal de la Rusia de nuestros días, hasta que permanecer allí resultó imposible para el autor de este nuevo volumen de piezas cortas, una continuación de “Piedra, papel, tijera”, publicado hace unos años por Libros del Asteroide.
“Kilómetro 101″ aborda cuestiones importantes de la vida moderna dentro y fuera de Rusia, con audacia estilística y a la vez cierta sutileza. El engaño, la presión política, la discriminación étnica, el primer impulso de emigrar y el miedo a abandonar el propio hogar, así como los conflictos generacionales, están entretejidos en sus relatos como en las propias existencias de los compañeros rusos del autor y, en algunos casos, las nuestras. Sin embargo, la escritura no está unida solamente por el conjunto de esas preocupaciones; crece, además, gracias a las ideas intrépidas de Ósipov. Los sueños se desvanecen, uno tras otro, escribe, algunos porque se hacen realidad, pero la mayoría de ellos porque resultan inútiles. En la prosa ágil pervive una deuda evidente con la gran literatura rusa del siglo XIX; por momentos se percibe un salto hacia el modernismo y al absurdo. Entre fragmentos de recuerdos, citas bíblicas y literarias, clichés aparentemente sin sentido, el autor evoca una interesante ruptura del lenguaje y la ética, como ya ocurría en el volumen anterior de narraciones cortas. Los cuatro ensayos autobiográficos –”En mi tierra”, “Es pecado quejarse”, “Una alegría no pascual” y “Los niños de Dzhankói”– reiteran las luchas mantenidas en el resto de las piezas cortas. Ósipov enumera sus impresiones filosóficas positivas y negativas de la vida en provincias como médico residente. Llega a la conclusión de que donde quiera que vayas, todo es igual y de que no resulta difícil comprobar cómo teniendo vidas miserables disponemos de una literatura maravillosa.
La combinación de realismo agudo y refinamiento discreto, característico en su prosa, opera con eficacia para transmitir los males y la sintomática anestesia gris de la vida en la Rusia provincial, pasada y presente. Las dos fuerzas que emergen en Tarusa, observa el autor de “En mi tierra”, son el miedo a la muerte y el disgusto por la vida. Algo que puede parecer bastante sombrío, y de hecho lo es. Ósipov describe un mundo de alcoholismo, violencia y apatía, hasta que da con lo que quizás sea el rasgo ruso más letal de todos: la tolerancia de lo intolerable. La alternativa es emigrar, pero el exilio en Rusia no tiene retorno hasta que Putin haya dejado de graznar y el país llevado a cabo los cambios suficientes; mientras tanto, al que regresa le espera un ajuste de cuentas.
Es imposible desvincular la lectura de “Kilómetro 101” de la realidad actual. El libro profundiza en todas y cada una de las categorías del exilio ruso, el histórico y el presente, el interno y el externo, el físico y el psicológico. ¿Cuánto costará revertir la situación? Digamos que Ósipov se muestra más pragmático y ambivalente que puramente pesimista en sus apreciaciones cuando recalca que Rusia, en una sola década, cambia mucho, mientras que en dos siglos, nada en absoluto. Un viaje, este, plagado de inquietud.
Kilómetro 101
Maxim Ósipov
Traducción de Ricardo San Vicente
Libros del Asteroide, 240 páginas, 20,95 euros
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