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Henar Álvarez, reina del pódcast: “Siempre me ha gustado llamar la atención”

Según la revista ‘Forbes’, Henar Álvarez (Madrid, 1984) reina en el universo del pódcast peninsular (alimenta El Olimpo de las diosas y, junto a Manuel Burque, ‘Buenismo bien’, el espacio de la cadena SER sobre “política, feminismo y tontería”). Es cómica, guionista y mujer espectáculo, y ahora, zas, debuta como novelista con ‘Ansia’ (Planeta), un thriller turbio y acelerado sobre el deseo y las relaciones de poder que ya se ha encaramado a la lista de los libros más vendidos en Amazon.

“Las decisiones bárbaras son las que nos hacen avanzar”. Eso dice.

Lo creo firmemente, aunque, como todo son roles de poder, tienes que estar jugando al ajedrez en todos los ámbitos y dejas poco espacio a la improvisación. Estamos pensando en el futuro constantemente y, ¡hostia!, es agotador.

Usted es, de natural, intensa.

Soy muy pasional para todo, hasta para hacer los deberes con mi hijo. Y me gusta la gente que me transmite emociones fuertes. Tengo como urgencia de sentir. 

Descargó camiones, fue azafata de gasolinera… ¿Esperaba escalar alto?

¿Sinceramente? ¡Sí! He convivido con tanta gente mediocre triunfadora que me ha hecho tener perspectiva de las cosas. Yo leo mi libro y digo: “¡Tía, esto está de puta madre!”. O escucho mis programas y pienso: “¡Qué bien transmites!”. También es verdad que he caído en una generación de fenómenas, como Victoria Martín, Lala Chus o Judith Tiral.

“Empecé a leer a mujeres y fue como una hostia en el frontal. Fue como salir de una relación de maltrato”

¿Cuál diría que es su singularidad?

¿El descaro? Tengo un vídeo grabado por mi padre en la playa con el hijo de unos amigos -yo tendría 4 años- y se me ve a mí gritando: “¡Grábame a mí, a mííí!”. Siempre me ha gustado llamar la atención.

Recibió la confirmación del cardenal Rouco Varela. ¿Qué salió mal?

La religión era cosa más de mis abuelos. Pero me llama muchísimo la imaginería religiosa. En el espejo de mi cuarto tengo todas las estampitas que recojo en Semana Santa. “¿Cómo puedes dormir aquí?”, me preguntan. ¡A mí me protegen! Y en Nueva Orleans conocí de cerca el vudú. ¡Buaaa, es que me vuelve loca! 

Bueno, le da muchas vueltas al tema del bien y el mal.

Es que creo que el bien y el mal son una construcción cultural. Algo que consensuamos. Y que las acciones no se pueden juzgar de manera aislada, algo que sucede desde la llegada de las redes sociales. Yo me fui de Twitter, harta, porque con frecuencia sacaban cortes de programa descontextualizados y se montaba la de Dios.

Sus contenidos aguijonean, y lo sabe. Las relaciones de poder, el deseo femenino…

Me da muchísima rabia que en 2024 todavía puedan utilizar nuestra sexualidad para destrozarnos la vida. Yo era pequeña cuando les pasó a las Spice Girls – más tarde entendí por qué Geri Halliwell se fue del grupo: la machacaron porque no les gustaban ni sus formas, ni su alarde–, y nunca ha dejado de haber casos. ¡Me parece delirante! Y creo que este problema se resuelve desde la cultura. Es importantísimo que haya mujeres escribiendo libros y haciendo películas.

La maternidad a veces lo dificulta. Tiene un hijo de 7 años.

Al principio tuve más conflictos por tener que hacer entender que yo no pretendía renunciar a nada por ser madre. «Esto no lo podrás hacer, ¿no? Querrás ir corriendo a casa con tu hijo», me decían. Y yo: «No». Es de locos que cada vez que subes una foto cenando, te pregunten: «¿Y tu hijo?». ¡Eso es machismo total!

No sabe lo que es la culpa.

Me la he quitado bastante, la verdad. Siempre he sido guerrerita, pero cuando más cuenta me di de las cosas fue con la explosión de la cuarta ola del feminismo en España, en 2014. Empecé a leer a mujeres y fue como una hostia en el frontal. Me quité las gafas de pollas. Fue como salir de una relación de maltrato.

“Convivir con tanta gente mediocre triunfadora que me ha hecho tener perspectiva de las cosas. Leo mi libro y digo: ¡Tía, esto está de puta madre!”

Asegura que no saldría con un futbolista rico ni muerta.

Es que no me iría con nadie rico. ¡Qué horror! No creo que sea casualidad que quieran convencer a las chicas de que sean dependientes económicamente, con ese rollo de los ‘sugar daddies’. ¡Por favor! Yo quiero ser rica yo. Ser yo la que me separe y tenga que pelearme por darle poco..

¿Alguien cumple sus expectativas?

Me ha costado mucho llegar, pero la verdad es que ahora estoy muy enamorada. Debe ser que cuando eres más mayor tienes más claro lo que quieres y lo que no. Todo lo que llegue tiene que ser para sumar. Empieza lo mejor.



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