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El pueblo donde vivió y pintó Zurbarán al que llaman ‘la pequeña Atenas’


Al sur de Badajoz, a los pies de la Sierra de San Miguel, espera al visitante Llerena, un pueblo con mucho arte bautizado como ‘la pequeña Atenas en Extremadura’ por la multitud de artistas que, entre los siglos XV y XVII, se vieron atraídos por este mágico lugar. Esta riqueza cultural y artística quedó plasmada en su patrimonio con monumentos de diferentes estilos arquitectónicos como el gótico, el mudéjar, el barroco o el renacentista.

Sede de los Maestres de la Orden de Santiago durante siglos y del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición –lo que contribuyó notablemente a su evolución–, esta localidad cuenta con una bella plaza Mayor, conocida oficialmente como plaza de España, en la que se rinde tributo a uno de esos artistas, Francisco de Zurbarán, con una escultura del artista llerense Ramón Chaparro que mira hacia la fuente de 1618 que diseñó el afamado pintor.

Muestra de la arquitectura mudéjar y corazón de la localidad, esta plaza fue el lugar escogido para celebrar el mercado franco los martes, así como autos de fe de la Santa Inquisición, procesiones y actividades lúdico-festivos, actos en los que se llevaba a cabo el repartimiento de balcones en función del estatus de las personas.


Imagen de la plaza de España de Llerena


axel cotón gutiérrez- wikimedia commons

El portal occidental, que está formado por 12 arcos de medio punto de ladrillo encalado y columnas de cantería, ha adoptado diferentes nombres a lo largo de la historia, desde la Casineta, pasando por el portal de las Tiendas –porque en él se localizaban diferentes establecimientos comerciales–, hasta el de la Cárcel, por encontrarse justo al lado la Prisión de la Gobernación. Por otro lado, en el portal de Morales, que dispone de 9 arcos de medio punto, es donde se ha localizado la casa que posiblemente habitó Francisco de Zurbarán con su segunda esposa Doña Beatriz de Morales, natural de Llerena.

Es en este lugar donde se encuentra, también, la iglesia de Nuestra Señora de la Granada, fundada por García Fernández de Villagarcía, maestre de la Orden de Santiago entre 1385 y 1387. El templo presenta una fachada principal formada por dos niveles, uno de estilo barroco y otro mudéjar, y una torre de cinco cuerpos rematada con una artística giralda. En su interior destaca la capilla de la familia Zapata, de estilo gótico, donde se encuentra la pintura ‘Cristo muerto en la cruz’ de Zurbarán.

La villa cuenta con numerosos edificios para visitar en una ruta a pie como son la iglesia de Santiago Apóstol, edificio de estilo gótico tardío hispano-flamenco fundado por el último maestre de la Orden de Santiago; el convento de Santa Clara que, fundado a principios del siglo XVI, es el único de los ocho conventos con los que contaba la localidad que se conserva con su función original; palacios como el Maestral o el de los Zapata, uno de los edificios civiles más emblemáticos de Llerena construido en el siglo XVI que pasó a ser sede del tribunal de la Inquisición en 1570; los restos del recinto amurallado, el cual se mantuvo en su totalidad hasta mediados del siglo XIX, y las puerta de Montemolín y de Villagarcía.

Imagen principal - La iglesia de Santiago Apóstol, Puerta de Villagarcía y Convento de Santa Clara
Imagen secundaria 1 - La iglesia de Santiago Apóstol, Puerta de Villagarcía y Convento de Santa Clara
Imagen secundaria 2 - La iglesia de Santiago Apóstol, Puerta de Villagarcía y Convento de Santa Clara
La iglesia de Santiago Apóstol, Puerta de Villagarcía y Convento de Santa Clara

Turismo de Llerena y Luis Rogelio HM – Wikimedia Commons


Aquellos que quieran completar la visita con un paseo por la naturaleza pueden acudir a la Morolla, una finca municipal ubicada a 9 kilómetros en la que hay gran cantidad de especies autóctonas representativas del sur de Extremadura como son las encinas, alcornoques, jaras o adelfas.

Y ojo, porque no hay que irse de este pueblo sin probar uno de sus vinos ya que aquí se enorgullecen de que el primer vino que se cosechó en el continente americano tras el descubrimiento fue pisado en Lima, en 1560, gracias a uno de sus vecinos, Pedro López de Cazalla, secretario de Francisco Pizarro. Caldo para acompañar unas buenas migas o una caldereta extremeña.



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