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Diez consejos que debes tener en cuenta si visitas por primera vez la Alhambra de Granada


Así que usted no conoce aún la Alhambra y se ha dicho que ya va siendo hora, ¿no? Perfecto, muy sabia decisión, la Alhambra es un sitio que hay que visitar por lo menos una vez en la vida. Mejor dos veces que una. O tres que dos. Y así sucesivamente. Ya que se ha decidido, ahí van unos consejos muy apropiados para los primerizos:

1-Comprar las entradas con antelación. La Alhambra tiene un aforo limitado, especialmente los Palacios Reales, que es probablemente lo más atractivo. Irse de allí sin contemplar el Patio de los Leones o el de Comares sería delictivo, a ver con qué cara se lo dice después a sus amigos.

Como ese espacio es limitado, si llega el mismo día a las once de la mañana a las taquillas buscando una entrada, es más que probable que le digan que nones, que no quedan. Así que adquiéralas con antelación suficiente. De esa manera, además, podrá incluso elegir cuándo quiere entrar en esos palacios, porque la entrada va por cupos y los que lo dejan para última hora se quedan con los peores horarios.

2-Mentalizarse de lo que se va a ver. No entra usted en un sitio cualquiera. Está contemplando no sólo un lugar bellísimo, sino de un valor histórico incalculable. La Alhambra fue el último reducto de la dinastía nazarí, la del Rey Boabdil, el que terminó sucumbiendo al avance de los cristianos, rindiendo la fortaleza y llorando después por ello. Así terminó la Reconquista, que duró nada menos que siete siglos.

3- Ir de día. Una visita nocturna a la Alhambra es una experiencia maravillosa, pero también es cierto que la disfrutan más quienes ya la han conocido con la luz del día. Porque de esa forma se aprecian muchos más matices que, por motivos obvios, se pierden con la oscuridad. Asimismo, las vistas nocturnas tienen su encanto, pero las diurnas abarcan muchísimo más territorio y son dignas de contemplar.


El Patio de los Leones es bello de noche, pero se observan más matices con la luz del día


antonio l. juárez

4- Llevar calzado y vestimenta cómodos. Ver a fondo la Alhambra, sobre todo si la visita incluye el Generalife (y es lo suyo que la incluya) y el Palacio de Carlos V (aplíquese lo mismo), implica pegarse un buen paseo. Hay numerosos sitios para descansar, pero aun así es cierto que al cabo de un par de horas de caminata se va a agradecer mucho haberse dejado las botas o los tacones en casa.

El calzado deportivo es el más apropiado, como también lo es ir con ropa cómoda, prendas holgadas y no ceñidas que permitan subir y bajar escalones con comodidad. Porque para llegar a lo más alto de la Torre de la Vela, otra parada esencial, los escalones no los quita nadie. Si además hace calor, está claro que el jersey va a sobrar y que la gorra o el sombrero de paja pueden ser buenos aliados en ese caso.

5-Llevar agua e hidratarse bien. En clara relación con lo anterior. Hay fuentes en el recinto, pero no está de más llevar una buena provisión de agua. Se puede comprar embotellada allí mismo, eso no es problema. Cuando hace calor, los especialistas aconsejan beber incluso aunque no se tenga sed. Y si aprieta el calor, obviamente, la crema protectora es imprescindible.

6- Absoluto respeto. Sobre todo en los palacios nazaríes, porque son lugares de recogimiento donde lo suyo es observar y quedarse con todos los detalles posibles. No es un sitio adecuado para andar correteando de aquí para allá ni para hablar a voces. Es una buena idea tomarse la visita como si de una iglesia se tratara.


La Alhambra es un lugar único que hay que observar con respeto y admiración


g. ortega

7- Interés por aprender. Dado que, como se ha dicho, la Alhambra es un lugar histórico, se puede aprovechar la estancia para aprender algo de lo mucho que sucedió allí. Es aconsejable, en ese sentido, dejarse aconsejar por los expertos. En Granada existen más de 200 guías profesionales y la inmensa mayoría se dedica a mostrar el monumento nazarí. Con datos y fechas, que son imprescindibles, pero también de forma amena. Si no, una alternativa es hacerse con una guía o incluso comprar un ejemplar de Los cuentos de la Alhambra, de Washington Irving. También hay publicaciones dirigidas especialmente a los niños.

8- Paciencia en las colas. Si, como se dijo en el primer punto, usted no ha comprado la entrada con antelación, mucho nos tememos que le va a tocar madrugar, primero, y después hacer cola en las taquillas oficiales. Cosa esta última que requiere una dosis de paciencia. Para acceder a los palacios debe ceñirse a la hora fijada, que figurará en su entrada, y estar en el sitio indicado con un poco de antelación. Aunque todo está bien organizado, la afluencia es siempre grande y allí no trabajan robots, así que es posible que le toque esperar un poco en algunos sitios.


Un grupo de turistas se aproxima a una de las puertas de acceso


antonio l. juárez

9-Aprovechar lo gratis. Hay quienes valoran más lo que les ha costado dinero que lo que llega de manera gratuita, eso es así en muchos sitios, pero no por eso no deja de ser un error. El recinto monumental de la Alhambra tiene un espacio extraordinario para el que no se necesita entrada. Se llama Palacio de Carlos V y es una joya arquitectónica copiada posteriormente en la Italia del Renacimiento. De la misma manera, las vistas al Albaicín y al Sacromonte desde ese entorno son magníficas y no cuestan dinero. La entrada a la Iglesia de Santa María de la Alhambra, tampoco.

10- Complementar con una visita a la ciudad. Ahí, tema libre. Pero si se opta por profundizar en el lado histórico, conviene salirse del centro y llegar hasta una pequeña ermita justo al lado del Río Genil. Ahora está consagrada a San Sebastián, aunque antaño, en la época musulmana, fue un morabito, un lugar al que se retiraban a descansar y meditar algunos religiosos musulmanes conocidos con el nombre de morabito.

¿Por qué es histórico ese lugar? Pues porque fue allí donde, el 2 de enero de 1492, el Rey Boabdil se citó con los Reyes Católicos para entregarles las llaves de la ciudad y marcharse con su séquito rumbo a la costa, atravesando por el camino un cerro en el que, según la leyenda, fue donde se volvió para contemplar lo que había que perdido y llorar. De ahí que se conozca al montecito como el Suspiro del Moro. En una pared lateral de la ermita se conserva aún una inscripción de aquel encuentro, al que le siguió la que podría considerarse la primera misa de la España reunificada.



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